Pídele a cinco personas que te hagan una web y vas a recibir cinco precios sin relación aparente entre ellos. La diferencia es real y se explica por unas pocas cosas.
Cuánto de eso ya existe
Una plantilla donde meten tu texto y tus fotos sale barata porque el trabajo ya está hecho. Un diseño pensado alrededor de tu negocio cuesta más porque alguien tiene que pensarlo.
Qué se tiene que conectar con otra cosa
Una web de presentación tiene un precio. En el momento en que debe hablar con un sistema de reservas, una pasarela de pagos, un inventario o un CRM, estás pagando integración y las pruebas que vienen con ella.
De quién queda al final
Una mensualidad baja muchas veces significa que estás alquilando. Dejas de pagar y la web desaparece. Un pago único donde el dominio, el hosting y el código quedan a tu nombre es otro producto, y vale la pena compararlo con calma.
Qué no está incluido
Pregunta específicamente: ¿el hosting va incluido, por cuánto tiempo? ¿El dominio? ¿Quién escribe los textos? ¿Cuántas rondas de cambios? La mayoría de cotizaciones que se ven baratas se encarecen justo aquí.